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Las distintas fuentes bibliográficas referidas al origen de Loriguilla coinciden en señalar que los primeros asentamientos y labores agrícolas se remontan a la época neolítica e ibérica, si bien los primeros indicios arqueológicos, así como el propio término de Loriguilla, proceden de la época romana. No existe ningún dato fidedigno sobre su fundación, aunque todo hace pensar que fue instituida por los romanos en el siglo I d.C. y que su nombre procede de la palabra loriga (armadura formada por pequeñas láminas de acero dispuestas en forma de escamas), ya que en la zona había importantes fábricas de esta armadura.

El historiador valenciano Pedro Sucías (1844-1917) avala esta tesis al referirse a la inscripción de una lápida de mármol plomizo, hallada en 1790 por el conde de Lumiares, que reza:

L.VALERIO TEMPESTIVO POMPEIIA PATERNA. MARITO. ET SIBI”. (Pompeya paterna, para L. Valerio Tempestivo, su marido y para sí).

Tras la dominación romana se cree que Loriguilla fue ocupada por los visigodos como todo el valle de Chelva. Y después, por los árabes, cuando toda la comarca perteneció al pequeño reino de taifa de Hisn Albont, hoy Alpuente o Alpont (en valenciano).

Durante la Edad Media, según aparece en el Llibre de Repartiment, el rey Jaume I donó en 1257 a Pedro Fernández de Azagra, señor de Albarracín, el castillo y villa de Chelva, que incluía Loriguilla. A su muerte, el señorío pasó a su primogénito Álvar y después a su hija Elsa Álvarez de Azagra, quien se casó en 1255 con el infante Jaume de Xèrica, hijo del rey Jaume I y de Teresa Gil de Vidaure.

En 1369, Juan Alonso V de Xèrica y VII de Loriguilla cedió todas las tierras que los árabes poseían, Domeño y las alquerías de Loriguilla y Calles a Martín Gabarda, el Menor, y a varios caballeros más.

La Edad Media estuvo marcada por los muchos pleitos sucesorios que se sucedieron. Entre ellos, destaca el que enfrentó en 1390 al rey Juan I de Aragón y al conde de Armenaque. Al término de la batalla, el rey nombró a Pedro Ladrón de Vilanova primer vizconde de Chelva y, por tanto, señor de Loriguilla, en reconocimiento a la ayuda prestada en la contienda.

El siguiente hecho relevante se produjo en 1599, cuando el rey Felipe II seccionó el vizcondado en dos partes. Loriguilla,  junto con Benagéber, Calles y Domeño, quedó dentro del condado de Sinarcas, y la villa de Chelva adquirió autonomía propia. Ambos señoríos pertenecieron a la casa de Ladrón de Pallás, descendientes del vizconde, hasta 1670 cuando el gobierno de estos territorios pasó a Gaspar de Frígola, caballero del Hábito de Nuestra Señora de Montesa.

El 20 de abril de 1773, Loriguilla se incorporó a la Corona Real, pero no fue hasta el 5 de octubre de 1885, cuando se delimitó definitivamente su término jurisdiccional, acabando así con quince años de disputas con Domeño.

El progreso industrial de finales de siglo XIX no se dejó notar en Loriguilla, que mantuvo una economía precaria y de subsistencia hasta bien entrado el siglo XX. En aquellos años, Loriguilla asumió todos los cambios políticos que se sucedieron en España y la crisis socio-económica abocó a muchos de sus habitantes a emigrar a zonas más ricas en busca de un mejor futuro.

Fue en las postrimerías de la dictadura de Primo de Rivera cuando comenzó a proyectarse el embalse que marcaría el futuro del municipio. En 1926, el ingeniero Carles Dicenta, que trabajaba para la División Hidráulica del Júcar, inició el proyecto que terminó en 1928 y que contemplaba un pantano con capacidad para retener 21 hectómetros cúbicos. El proyecto quedó en suspenso hasta 1953 cuando la Dirección General de Obras Hidráulicas ordenó a la Confederación Hidrográfica la redacción de uno nuevo, trabajo que recayó en José Sánchez-Tello.

El 27 de noviembre de 1967 se inauguró el embalse de Loriguilla, con una capacidad máxima de 71 hectómetros cúbicos, un perímetro de 35 kilómetros y una lámina de agua de 347 hectáreas.

En aquel momento, el municipio estaba compuesto por 469 edificios, la mayoría de ellos pajares, casas de labor y corrales; y 204 viviendas habitadas por 841 habitantes, de los que 794 se trasladaron a su nueva ubicación, en la comarca de Camp de Túria, en territorio de Riba-roja, a tan sólo 22 kilómetros de la ciudad de Valencia.

Durante unos años, Riba-roja se opuso a la segregación del territorio y recurrió todos los decretos que reconocieron la autoridad del Ayuntamiento de Loriguilla. El 21 de marzo de 1975,  se erigió como nuevo municipio y aunque Riba-roja recurrió el decreto, el Tribunal Supremo lo desestimó el 23 de febrero de 1981.

Desde entonces, Loriguilla es un municipio entre dos tierras. La antigua se ha convertido en un enclave turístico rural gracias a la puesta en marcha de políticas de recuperación que sirven para poner en valor su gran patrimonio natural, histórico y etnológico. Mientras que la nueva Loriguilla se ubica en una zona estratégica, en un importante eje industrial entre Cheste y Riba-roja, con grandes posibilidades de expansión. Su valor estratégico no ha parado de crecer junto al eje viario de la autovía Valencia-Madrid, en una gran zona industrial, rodeada de viviendas unifamiliares y segundas residencias.

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